Burela - Restaurante de comida Marisco en Madrid

Tipo de cocina: Marisco
4.5 (1077)

Burela - Restaurante de comida Marisco en Madrid

Tipo de cocina: Marisco

Descripción

La propuesta gastronómica de Burela en Madrid representa lo mejor de la cocina Marisco. Este restaurante ha sabido conquistar el paladar de residentes y visitantes de Madrid con su cuidada selección de platos tradicionales. En Marisco, cada comida es una oportunidad para descubrir los sabores únicos que caracterizan la gastronomía Burela.

Características y servicios

-

Preguntas Frecuentes

Burela se encuentra en Calle Conde del Serrallo 1, Madrid, Madrid.
También puedes explorar: otros restaurantes de Marisco en Madrid

Burela se especializa en marisco, ofreciendo platos auténticos y de alta calidad.

Puedes contactar con Burela llamando al 915711724 para realizar reservas, consultas o solicitar información adicional.

Burela cuenta con 1077 opiniones de clientes, con una valoración promedio de 4.5/5 estrellas, lo que refleja la satisfacción de nuestros comensales.

Ubicación

  • Calle Conde del Serrallo 1
  • Madrid
  • 915711724

Opiniones sobre Burela

0.0

0 opiniones
Comida
0
Postres
0
Servicio
0
Calidad/Precio
0
No hay opiniones

Está genial, muy buena atención, comida excelente, el dueño es un amor de persona, hace lo imposible para que no te falte de nada, lo recomiendo al mil por mil

Volveremos gracias ????
Está genial, muy buena atención, comida excelente, el dueño es un amor de persona, hace lo imposible para que no te falte de nada, lo recomiendo al mil por mil

Volveremos gracias ????

— Toñi Arganda (21 diciembre 2024)

Fantástico restaurante Gallego. Me han invitado a comer y la calidad es excelente. Fantástico restaurante Gallego. Me han invitado a comer y la calidad es excelente.

— Maite Serrano (27 noviembre 2024)

Comimos juntos a unos amigos.Excelente comida, excelente servicio, producto de primera clase, se nota que la materia prima es de excelente calidad. Un ambiente tranquilo donde disfrutaras de una excelente comida Comimos juntos a unos amigos.Excelente comida, excelente servicio, producto de primera clase, se nota que la materia prima es de excelente calidad. Un ambiente tranquilo donde disfrutaras de una excelente comida

— Julio Diaz (06 noviembre 2024)

Quedan sitios dignos en los que comer. Este es uno de ellos. Buenas zamburiñas, buenas ostras y un arroz con carabineros digno de comer y con un sabor extraordinario. Hay que probar la tarta de queso. En fin, genial. Volveré. El trato extraordinario, con alguna salvedad. Las raciones son muy generosas. Enhorabuena. Quedan sitios dignos en los que comer. Este es uno de ellos. Buenas zamburiñas, buenas ostras y un arroz con carabineros digno de comer y con un sabor extraordinario. Hay que probar la tarta de queso. En fin, genial. Volveré. El trato extraordinario, con alguna salvedad. Las raciones son muy generosas. Enhorabuena.

— PCG (02 noviembre 2024)

Excelente restaurante gallego calidad-precio. El género es fantástico y te recomienda siempre de forma honesta. Recomiendo el salpicón de bogavante, el pulpo y mi favorito: la centolla “señoret” que viene limpia y lista para disfrutar (importante pedirla la inicio, porque su preparación lleva bastante tiempo. Excelente restaurante gallego calidad-precio. El género es fantástico y te recomienda siempre de forma honesta. Recomiendo el salpicón de bogavante, el pulpo y mi favorito: la centolla “señoret” que viene limpia y lista para disfrutar (importante pedirla la inicio, porque su preparación lleva bastante tiempo.

— Javier López Andreo (16 octubre 2024)

Rodaballo muy sabroso y tarta de queso casera también. El rape sin embargo, no estaba bien. Rodaballo muy sabroso y tarta de queso casera también. El rape sin embargo, no estaba bien.

— Carlos Garrido (29 septiembre 2024)

Tanto la comida como la atención son un lujo. Relación calidad-precio increíble. Lo mejor de la carta las navajas sin duda. Repetiremos. Tanto la comida como la atención son un lujo. Relación calidad-precio increíble. Lo mejor de la carta las navajas sin duda. Repetiremos.

— Maria Gonzalez (21 septiembre 2024)

Muy lindo lugar.. acogedor, tranquilo . La atención es excelente. Los platos ...difícil decidirse! Exquisitos.elegi arroz con bogavante!!!!???????????????? Muy lindo lugar.. acogedor, tranquilo . La atención es excelente. Los platos ...difícil decidirse! Exquisitos.elegi arroz con bogavante!!!!????????????????

— Daphne Slevin (19 septiembre 2024)

Exquisito el arroz con Bogavante Exquisito el arroz con Bogavante

— Brian s (18 septiembre 2024)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
Leer más

— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
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Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
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Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
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El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
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Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
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El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
Leer más

— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
Leer más

— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
Por entrar en materia:
Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
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Pulpo: lo mejor, muy tierno.
El jamón de las croquetas ni está ni se le espera. Las croquetas de marisco tienen un sabor desagradablemente fuerte.
Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
El entrecot se pidió específicamente poco hecho: se sirvió muy hecho.
Postres. Filloas: se sirve ¡una! unidad. Tarta de queso: no sabe a queso. Coulant: bien.
El servicio es amable pero no está a la altura de la factura. Insuficiente en numero dejaba que los cubiertos utilizados se acumularan en el plato sin cambiar ni aquellos ni éste. Hubo que pedir dos veces toallitas para las manos tras la centolla.
Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
Y el caso es que, a pesar de todo, el restaurante está lleno y tiene un público fiel. Por algo será, pero a mí se me escapa.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
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Pulpo:...
Cuando la factura no refleja decenas sino cientos de euros un restaurante debe ofrecer algo especial. No es el caso. Ni en la mesa ni en las instalaciones. Afortunadamente para el gremio a los españoles todo les parece bien, o eso dicen, pero nadie con un mínimo espíritu crítico repetiría la experiencia.
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Pulpo: lo mejor, muy tierno.
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Todos los platos de pescado tienen la misma guarnición, aparentemente: patata cocida y pimiento (¿asado?). Da igual que sean delicias de merluza (tiernas, pero también sosas), cogotes (buenos), rodaballo (bueno) o rape (demasiado hervido y, por consiguiente, duro; nadando en ¡vinagre!).
La centolla estaba a temperatura de refrigeración, no a temperatura ambiente (y las pinzas de marisco son demasiado grandes, e ineficaces, para las patas del centollo).
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Loza y cubiertos han conocido mejores días. Copas: sólo una por comensal. Local ruidoso. Aseos en planta superior, anticuados. El local pide una reforma que la recaudación permitiría con holgura, pero que no va a producirse en un futuro inmediato, me temo.
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— Luis P (04 diciembre 2025)

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— Luis P (04 diciembre 2025)

Un sitio genial para comidas familiares. Hemos ido ya dos.veces y hemos comido estupendamente. El bonito de la casa y los mejillones escabechados preparados por ellos ambos platos son excelentes
Las croquetas son de verdad!!!!
La materia prima es muy buena y la preparacion sencilla pero con conocimiento del producto y mimo. Un sitio genial para comidas familiares. Hemos ido ya dos.veces y hemos comido estupendamente. El bonito de la casa y los mejillones escabechados preparados por ellos ambos platos son excelentes
Las croquetas son de verdad!!!!
La materia prima es muy buena y la preparacion sencilla pero con conocimiento del producto y mimo.
Trato muy agradable. Precio calidad/ precio razonable. Recomendable.
Leer más

— Aurora A (05 febrero 2025)

Un sitio genial para comidas familiares. Hemos ido ya dos.veces y hemos comido estupendamente. El bonito de la casa y los mejillones escabechados preparados por ellos ambos platos son excelentes
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— Aurora A (05 febrero 2025)

Excelente servicio, comida, todo muy bueno , 100% recomendable.
Comimos arroces, carne, mariscos, etc y todo realmente bueno hasta el pan
Excelente servicio, comida, todo muy bueno , 100% recomendable.
Comimos arroces, carne, mariscos, etc y todo realmente bueno hasta el pan

— María Loreto (30 septiembre 2024)

Excelente servicio, comida, todo muy bueno , 100% recomendable.
Comimos arroces, carne, mariscos, etc y todo realmente bueno hasta el pan
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